Susie Salmon regresa así a casa. La visita, la recorre, toca los corazones de su familia, los cuida, se mimetiza con ellos, los acaricia, los mira, los altera. Es un pez activo y vital en su mundo y su universo. La única diferencia con cualquiera de nosotros es que ella está muerta.
El 6 de diciembre de 1973, Susie nunca pensó que no llegaría a casa. Nunca pensó encontrarse con su vecino Mr. Harvey, y menos pensó que él la asesinaría, atrayéndola con un hermoso escondite subterráneo, trabajado con ahínco y paciencia, la paciencia del crimen, de la bestia asesina que puede correr dentro de las venas de un hombre aparentemente normal.
Susie Salmon es violada, asesinada, descuartizada y su cuerpo es depositado en una caja fuerte durante años. Años que su asesino se sienta a observarla detrás de esa pared de acero, recordándola, esperando que el instinto -como Susie lo llama- aflore otra vez. El instinto de matar.
Nuestra Susie tiene un rostro de niña y a la vez de ángel; y unos ojos azules que parecen cobrar vida por sí solos. Son los gestos de terror, de alegría, de ternura, de odio, de sorpresa, los que hacen de Saoirse Ronan, una maravillosa y prometedora actriz que se adueña del papel, en unos de los casting más acertados de los últimos años.
El trabajo de Peter Jackson a nivel visual es iincreíble. El paraíso personal de Susie es un lugar intermedio entre el arco iris y el cielo y es presentado de un modo ingenuo, infantil, lúdico y, a la vez, celestial, triste, efímero y ausente como esa cadena que Susie aún no logra romper para ascender . Recuerdo aquel planeta verde donde Holly -su compañera en la otra vida- y ella juegan; donde corren, saltan y no puedo evitar en pensar como serian nuestros paraísos personales, cómo serian nuestros planetas,, nuestros juegos y esencias, nuestros sueños enormes, escondidos detrás de las montañas, los ríos, las flores que se abren bajo el agua, los pantanos donde puedes hundirte, los tétricos campos de maíz , esos que tan tristes recuerdos traen a Susie, esos donde ella depositó sus últimas huellas.
Sin embargo, una película con un argumento tan interesante, no logra ser como yo llamo "circular", ni alcanzar ese equilibrio que una película genial debe alcanzar. Susan Sarandon está maravillosa como siempre, pero el suyo es un personaje casi olvidado, solo dibujado casualmente; no se le da la presencia que debe tener, la que imagino tendrá en el libro original y el que confieso, aún no he leído. Su rol, el de ser la fuerza que sostiene a la familia, el de "estar a cargo", se pierde, se diluye y uno solo la recuerda como una abuela extravagante que fuma, que bebe vodka para relajarse, como alguien excéntrico que desconoce lo mínimo sobre las labores domesticas, pero que resulta siendo una fuerza vital, un motor de vida que en la pantalla no es explorado como se debiera. Susan es una actriz fuerte que se pierde, se nos va. Sus escenas mas trascendentales se dan solo cuando está con Susie, cuando la complicidad de ellas se funde, se hace fuerte como una roca y - a la vez suave - como la textura de un lápiz labial. Añoro el rostro de Susan observando el diario donde esta detallado el macabro asesinato de su nieta. Añoro esa toma no saben cuanto.
Rachel Weisz tiene un papel más trabajado. Es la madre que sólo puede huir ante el dolor; irse, curar sus heridas y que lo logra, de un modo que puede parecer egoísta, pero que es infinitamente humano. Cuando vuelve a casa, entra al cuarto de Susie y, finalmente, se reconcilia con la vida. Ya no tiene una tumba dentro de la casa, sino un altar cotidiano y cálido del recuerdo de su hija.
La hermana de Susie, Lindsay, es el hilo de la historia, siempre vigilante, escrutadora. Sus miradas hacia George Harvey, el vecino asesino, son largas, intensas, silentes. Es valiente y a la vez , sigilosa. El dulce Buckley, es como una pequeña gota de ternura que dice "Yo veo a Susie; me dio mi beso de buenas noches."
Debo confesar que yo hubiera preferido en el papel del padre de Susie a otro actor, Mark Whalberg no es de mis favoritos . Simplemente creo que no es un actor con mucho talento. Sus gestos son estáticos, no son vitales. Mantener la boca abierta, no es suficiente para demostrarnos dolor. Hace falta crear una intensidad que venga desde dentro, crear el rictus de modo tal, que parezca tan natural como una sonrisa y a la vez tan cruel que nos estremezca. Él no logra eso y es una lástima. La genialidad de Saosire merecía otra genialidad en el sol paterno. Me hubiese encantado ver a Gabriel Byrne, Alfred Palomino o Jude Law en ese rol.
Stanley Tucci es un caso aparte. Y no solo porque es el actor -junto con Susan Sarandon - más famoso y con más trayectoria del elenco. Como Harvey está impresionante. No es un asesino que llama la atención. Es de los que se agazapan, se ocultan; de los normales sujetos de vecindario que hacen cosas extrañas; el que fabrica juegos para niños, mientras detrás de sus gafas los mira como si ellos fueran una presa y un bocado suculento; verlo entresacar la lengua, en un gesto de placer al observarlos, es algo que uno nunca olvidará.
Construir el rostro de un asesino, debe ser algo extraordinario para un actor, ya que debe recurrir al asesino que todos llevamos dentro. El asesino de Stanley es frío, pero también atormentado por una pasión y un sadismo que no llega a arrebatarlo ni cegarlo; todo lo contrario. Lo hace planificar, estudiar las posibilidades, esbozar un crimen desde los planos, como si fuera uno de los inventos de Da Vinci. Su nominación al Oscar es un gran acierto. Está estupendo. Es tan escalofriante que es imposible olvidarle.
Después de ver "The Lovely Bones", uno sale al a calle con temor. Temor por lo que más ama; temor recordando el dolor, el pánico, los gritos de los niños ultrajados y asesinados de este mundo. Quedan una desazón y un sabor amargo. Uno recuerda el paraíso de Susie y es increíble imaginar que después de vivir ese terror, aquellos niños puedan encontrar un universo sólo suyo y volver a sonreír; lo que para críticos como Roger Ebert es deplorable, casi nauseabundo, ya que un crimen de tal naturaleza no tiene nada de idílico. Cuando Susie se encuentra lista para ir al cielo, estampa su único beso a través de Ruth, la adolescente con poderes psíquicos que sintió su espíritu correr, el día que la asesinaron. Confieso que tal como ocurre en el libro, esperaba ver el encuentro entre Susie y su amado golden Holiday en el cielo, él atravesando el arco iris hacia los brazos de ella. Sólo podemos escuchar mientras vemos los créditos, un ladrido de felicidad y repetir también, susurrando, mientras vamos camino a casa, una y otra vez la frase de Ray: "You are so beautiful. Susie Salmon."
