viernes, 8 de enero de 2021

“THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI” (2017)



Recuerdo claramente la última vez que lloré al ver una película. Fue en Split , cuando estando a punto de asesinar a Casey, “La Bestia” ve sus cicatrices en el cuerpo y le indica que el hecho de haber sufrido la hace pura, perdonándole la vida. Hoy lo hice otra vez al ver “Three Billboards outside Ebbing, Missouri”.

Esta película no es sobre un crimen, ni sobre brutalidad policiaca o autoridades indiferentes. Es sobre el dolor; sobre como cada ser humano lo enfrenta, le da forma, lo expulsa, lo interioriza y aprende a vivir con él.
Todos los personajes de esta película, están llenos de dolor y de rabia y los manejan de formas distintas, con sus armas emocionales rudimentarias, salvajes o elaboradas . Mildred lo hace a su modo; contestatario, silente, instintivo, confrontando a todo el que siente amenazante; desde la policía hasta el estudiante de secundaria que se burla de ella. Dixon (extraordinario Sam Rockwell) no puede disparar a su madre repugnante, alcohólica y racista, pero vuelca su rabia en cualquiera que esté a merced de su autoridad. Willouigby (punzante Woody Harrelson) se pega un tiro en la sien para ahorrar a su familia la miseria de verlo destruido con el cáncer. Robbie, el hijo de Mildred, sólo quiere dejar que todo pase y continuar.

También es sobre la culpa. Mildred no le prestó el auto a su hija la noche que fue asesinada. Y el verdadero drama más que el crimen per se, es no poder perdonarse a sí misma. Mildred ve siempre a Angela. En su cuarto vacío, en sus pantuflas, hasta en ese ciervo que llega mientras coloca flores debajo de los letreros, como si su hija viniera reencarnada a decirle que deje de sufrir, que la deje ir, que la ha perdonado. Es un conmovedor momento de redención.
Hace unos días escuchaba una charla de Jorge Luis Borges donde mencionaba que si lees un poema y no te conmueve ni penetra en ti, no es que seas tonto, insensible o ignorante; es solamente que ese poema no estaba hecho para ti. En el cine siento que es algo similar. Las películas que se meten en tu sangre, que te estremecen y te hacen sacar la cáscara del cuerpo, son las que están hechas para ti; y así te conviertes en ese co-creador al que Tarkovsky describe: tú completas el filme con tu experiencia.

Existe un rincón en el corazón y mente de todo cinéfilo, donde colocamos esos personajes y actores que nos recordarán nuestra humanidad cada día, nuestra debilidad, nuestras alegrías o nuestras pérdidas. Ahora -estoy segura- que Mildred Hayes y Frances Mac Dormand estarán en ese lugar, por siempre.



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“Ellos piensan que me oculto en la oscuridad. Pero yo soy la obscuridad" Esta historia no es sobre héroes ni sobre una aventura épica c...