A pesar de los cientos de epítetos que reivindican su labor en el mundo corporativo, ser asistente o secretaria puede convertirse en una carga terrible para una persona que busca y desea no ser solo la extremidad de alguien sino también el cerebro.
No sólo son parte del día a día, cosas importantes como redactar informes, traducir documentos y coordinar y lograr lo casi imposible, sino también lidiar con lo vano y doméstico del puesto como “aprender” a servir la taza de café “como le gusta al jefe” u ordenar la ensalada perfecta. Quienes hemos sido asistentes en algún momento de nuestra vida, sabemos lo gratificante y aleccionador que puede ser pero también lo humillante en que puede tornarse.
Tomando esta realidad, Kitty Green (Casting JonBenet, Austin to Boston) construye uno de los mejores filmes del año 2020 y que encuentra su fuerza en la intensa introspección proyectada por su protagonista, Julia Garner. Jane parece una bomba a punto de estallar. Frágil, bella y dulce pero tensa, durísima en sus gestos, como resguardando esa máscara que intenta mantener todos los días; ni siquiera puede decir exactamente qué le molesta cuando habla con el encargado de Recursos Humanos, en la mejor escena del film. Balbucea, tiembla, llora. Green nos muestra que la violencia y la agresión no solo puede materializarse con gritos y golpes sino con silencios, palabras condescendientes, gestos inocuos o actitudes indiferentes; con esos pequeños actos de lanzarte una bola de papel en vez de llamarte por tu nombre y convertirte en ese fantasma que deja los papeles en la mesa sin que nadie lo note; con esas miradas sobre tus hombros, dictándote qué escribir para sonar más servil o asumiendo tu disposición para lavar el futón donde el jefe se divierte con sus aventuras; con esa idea de que si eres mujer, debes ser niñera de oficina o muro contentor de la esposa celosa y escupiéndote ese conocido discurso de ““tengo 400 currículos de gente más calificada que tú esperando por un puesto como el tuyo” (el peor de todos).
Este film tiene como soundtrack los sonidos de la copiadora, el timbre del teléfono, las puertas del ascensor abriendo y cerrando, la hoja de papel volviéndose un amasijo de basura entre los dedos, la voz gutural de ese jefe que es omnipresente pero que nunca vemos y el silencio punzante de Jane. Lo más increíble es que todos (su familia, sus colegas) le dicen que esta es la gran oportunidad de su vida y, paradójicamente, la gran oportunidad de su vida es la que está volviendo sus días más miserables. Aunque la escena final del filme puede hacernos soñar con una reivindicación, ésta ya no nos pertenece a nosotros como espectadores sino a un personaje, que va haciéndose más y más real dentro de nosotros mismos.



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