domingo, 5 de julio de 2020

THE TRIALS OF GABRIEL FERNÁNDEZ (NETFLIX, 2019)

Netflix estrena un estremecedor documental sobre un niño torturado ...




Gabriel Fernández solo tenía 7 años cuando le hizo una tarjeta de cumpleaños a su madre en la escuela.
En la tarjeta se veía una casita con una ventana que al abrirse, tenía una foto suya y una pregunta simple e inmensa: ¿Quién es el que te quiere?

Gabriel hizo esta tarjeta poco antes de morir masacrado a manos de su progenitora Pearl Fernández y del novio de ésta, Isauro Aguirre.
Durante 8 meses, desde que le fue arrebatado, primero por sus  abuelos a sus padres adoptivos bajo la excusa de que unos gays no pueden criar niños, y después, arrebatado a sus abuelos por su madre, empezó la desgracia de un niño, dulce tierno y que sólo buscaba amor en el ser que le dio vida y que era también, quien más lo odiaba.

De sus 3 hermanos.sólo Gabriel recibió golpes y vejaciones todos los días de esos 8 meses. Dormía dentro de un gabinete, encadenado, entre sus excretas y orines, esposado. Tenía cicatrices en todo el cuerpo, quemaduras de cigarrillo y cortes en la cabeza. Su madre le había disparado con una pistola de balines y el novio de ésta, un guardia de seguridad de 1.87, le rompió las costillas y le destrozó la cabeza. Lo mató a golpes después de horas interminables de torturas en las que -incluso- le hacían devorar la arena sucia de los gatos de la casa.

Era enviado al colegio con el pelo rapado, lleno de moretones y cortes, para humillarlo delante de sus compañeros. A pesar de su rabia y y de como se apartaba cada vez más de sus amigos, participaba en las reuniones escolares, se tomaba fotos lleno de heridas en las festividades del colegio y lloraba para no volver a casa.

Su maestra denunció más de 3 veces el maltrato a Servicio Sociales, quienes asignó una Trainee para investigar un caso complejo. Ella lo visitó varias veces en casa , pero siempre creyó en las explicaciones de la madre de Gabriel y nunca, a pesar de las huellas de maltrato evidentes, lo retiró del hogar. La policía fue a verlo y solo aceptó las palabras de los padres, quienes lo tildaban de niño mentiroso y malcriado. Un policía de seguridad lo vio entrar a ala oficina de servicio Sociales con su madre, quien iba cobrar el estipendio mensual y lo vio lleno de heridas espantosas, que el mismo Gabrielito le mostró en silencio al pasar por su lado. Lo reportó a la Asistenta y ésta a sus jefes, pero le dijeron que no investigarían porque "estaban ya fuera de horario". Una respuesta parecida a la que recibió su angustiada profesora de parte del Director de la escuela cuando le comentó del caso: "Nosotros reportamos, no nos involucramos".

Ni su madre, ni la policía, ni Servicios Sociales, ni su Escuela. Nadie hizo nada por él. El día que fue golpeado hasta el coma, la enfermeros que lo atendieron en urgencias no podían creer lo que veían. Estaban intentando resucitarlo mientras contaban los cientos de heridas sobre su cuerpo; heridas que conformaron un archivo de 1200 fotografías durante el juicio. Un juicio donde el Forense declaró que le tomó 2 días hacer la autopsia, debido a la cantidad de lesiones que tenía el cuerpo del niño.,

Con el cráneo hundido y conectado a un respirador, Gabriel murió el 24 de mayo del 2013. Los testimonios muestran que nunca, ni una sola vez, ni su padrastro ni su madre se mostraron preocupados por él. Ni una lágrima. Ni una señal de angustia. Ni siquiera les importó ir en la ambulancia con él, en sus últimos momentos.

Lo más triste para mí, es sentir que ese niño inocente murió sintiendo que no le importaba a nadie.Es un sentimiento espantoso para un niño sentirse solo en el mundo, saber que no puede voltear a ningún lado para implorar ayuda. El odio que sus "cuidadores" sentían por él era inmenso. Era el gay criado por un par de gays; un gay que merecía ser despreciado; al que obligaban a ponerse vestidos;  al que sus hermanos vieron morir día tras día, aterrados, alcanzándole un plátano a hurtadillas, viendo como lo laceraban una y otra vez. Los testimonios de ambos niños fueron los que sellaron la pena de muerte de Isauro Aguirre. Su miserable madre, en la que no atisbaba ni un rastro de humanidad y que siempre se mostraba maquillaba y delineada en la corte, se declaró culpable para no morir y sólo obtener perpetua.

El Juez George G. Lomeli  dijo al final durante la lectura de sentencia algo que tengo grabado en mi memoria: "Es inimaginable el dolor que este niño experimentó. Gabriel fue un niño amable y dulce que solo quería ser amado. Ustedes podrían decir que este comportamiento fue animal, pero eso sería incorrecto: incluso los animales saben cómo cuidar a sus crías".

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