viernes, 23 de octubre de 2020

SCHOOL OF ROCK (2003)


Una vez al año me hago el compromiso de ver esta película. No es ningún placer culposo porque es un gran film y porque nos recuerda que el cine familiar no tiene que ser tonto o cursi sino genial. Y School of Rock (Richard Linklater, 2003) es una película genial.


Cada año me identifico con un personaje diferente. Un año soy Lawrence, el niño tímido con quien nadie habla; otro año soy Summer, perspicaz , líder nata y punzante. También he sido Tomyka, “la niña gorda” de la clase con una voz maravillosa, e , incluso, el adorable Zach, con un talento que grita por salir en conflicto con el niño educado y perfecto.


Las reseñas sobre la película suelen incidir en cómo los niños aprenden a tener confianza en sí mismos y a conocer el rock and roll, pero nunca (o poco) se refieren a lo que Dewey aprende de ellos. Y creo que esa es la esencia verdadera del filme. El Dewey de “M banda”, “MI música”, “MI pasión” se convierte, gracias a sus días en el Horace Collage, en el Dewey de “NUESTRA banda”, “NUESTRA Música”, “NUESTRA pasión”; en el Dewey que aprende a trabajar en equipo y quien comprende que no tiene que ser el centro del mundo para ser feliz y auténtico Y la prueba mayor de esto es esa escena maravillosa en la cual se lanza al público durante la Batalla de las Bandas y al fin es cargado y aceptado por el público porque ya no es solo él; es el espíritu de Banda.
Jack Black es inolvidable como Dewey. Lo quieres “matar” como el irresponsable que no es capaz ni de pagar la renta; pero lo amas en esos momentos cuando le infunde confianza a Lawrence y Zach; o cuando le dice a una Tomyka temerosa por las burlas por su peso que ella es como Aretha Franklin, quien al cantar hace olvidar a todos que es una “big lady” . Y Joan Cuzack , la única directora en el mundo que no repara que en su escuela están enseñando cualquier cosa menos que las materias obligatorias, es una dulce pero estresada Mrs. Mullin (Stevie Nicks lover), quien admite haberse convertido en una “Bitch” por su trabajo. Y Mark White como Ned (y guionista de la película) aprende también que vivir amando lo que haces no es una utopía.


Hace mucho que dejé la escuela, pero creo que un curso de “Hacer lo que te apasiona'' nos haría crecer más felices y con ese brillo en los ojos que tienen los padres de Tomyka, cuando la ven adueñarse del escenario tan segura de sí misma .


Sólo nos queda decir gracias Dewey, gracias Mrs. Mullin, gracias Ned, gracias clase del Horace Collage y -sobre todo- gracias Richard Linklater. Nos vemos el otro año y quizás menos si la nostalgia nos gana.



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