Quizás cuando te cercenas dos dedos algo más se va ti. Tu miedo a la gente, tu ostracidad, tus silencios, los sueños que debiste desechar hace tiempo. Memo se preocupa por la herida de su tío, quien es su único nexo al mundo. Lo lleva al hospital del pueblo, atravesando el lago en una lancha y abandona el refugio de su isla. Pero ese accidente lo llevará a enfrentarse con algo más terrorífico que el mundo exterior. Se enfrentará con su pasado y con el futuro al que había renunciado.
“Nadie sabe que estoy aquí” es una película pausada, silenciosa, triste e, incluso, siniestra por momentos. Sólo recuerdo otra película así de silenciosa, que me ha intrigado “La Mitad de Óscar” de Manuel Martín Cuenca.
Y es cierto. Nadie sabe que Memo está allí. Nadie sabe que pinta, que cose, que limpia pieles de ovejas, que el olor de la sangre ya no le afecta. La historia nos lleva a su interior, donde aún vive ese niño que amaba cantar y cuya voz prodigiosa fue cedida por su padre al espectáculo, para que otro púber más “bello” la usufructe. Sin embargo, esta ópera prima de Gaspar Antillo podría ser la historia de cualquiera que ha sido castrado y cercenado en su propia esencia, que ha decidido aislarse y cortar su comunicación con el mundo, no sólo física sino también existencialmente.Jorge García, el conocido Hurley de “Lost”, no habla mucho español y esto es más una virtud que una limitación. Su mirada, su cuerpo, su pelo desordenado, la rabia contenida en sus gestos, protagonizan los momentos más intensos del film, enmarcados por la hermosa fotografía de Sergio Armstrong, que nos remite al Lago Llanquihue en Chile.
Ese mundo del espectáculo que tanto ama y odia, Memo aún lo lleva dentro. Antillo lo presenta como una luz que aparece de pronto y atraviesa su sala, su cocina, su dormitorio y hasta su vómito de glitter. Después de liberarse, Memo es el mismo, pero ya no es más el niño que calla. Es un hombre que ha aprendido a soltar, a dejar ir, a gritar lo que siente de la única forma que conoce: cantando. Y al final del film, entendemos que la redención no siempre llega con grandes y épicos momentos, ni grandilocuencias. A veces sólo basta un abrazo, una pierna que te envuelve, un rostro apoyado sobre tu espalda, una pequeña suavidad .y Martha.
Pd: Jorge García tiene una preciosa voz e interpreta el tema de la película.



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